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viernes, 26 de septiembre de 2014

Lovell y Scalona: dos en la ciudad

Por Paula Bertolino




Victoria Lovell (1956) y Marcelo Scalona (1962) son poetas y nacieron Rosario. Los dos coordinan talleres de escritura, Lovell desde hace 28 años y Scalona 15. Ambos tienen libros de publicación reciente: Los Noctiluca (Papeles del Boulevard) y Mapa (Alción), respectivamente. Y el próximo sábado 27, a las 17, estarán compartiendo una mesa de lectura en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, junto a Mario Ortiz (Bahía Blanca) y Pedro Mairal (Buenos Aires), en el marco del 22º Festival Internacional de Poesía de Rosario.
Los suyos son de los espacios literarios más transitados en Rosario por aquellos que comparten la curiosidad y el deseo por la escritura. En esta entrevista repasan, cada cual a su turno, parte de esa experiencia tallerista.


Victoria Lovell se formó entre las lecturas apasionadas de la infancia y la academia –es profesora en Letras–. Según cuenta, leer La edad de la razón, de Sartre, a los veinte años, le cambió la vida. Lleva editador cinco libros de poesía. Desde el 2007 forma parte del comité editor del sello independiente  Papeles de Boulevard, junto a otros poetas. Actualmente coordina un taller de creación literaria para jóvenes –con dos niveles– y un curso para futuros coordinadores en la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez. “Cuando comencé a trabajar allí sentí que, en algún punto, volvía a casa”, relata acerca de este espacio la nieta de Alfredo Lovell, el primer bibliotecario de la institución. Y si bien fueron azarosos los caminos que hicieron desembarcar su taller ahí, confiesa que es reconfortante desarrollar su trabajo en el mismo lugar y con la misma pasión que lo hiciera el padre de su padre. “Ir a la Biblioteca es ir a visitarlo”, cuenta.

El comienzo de la relación de Marcelo Scalona con la literatura se remonta a sus años de adolescencia. Este abogado de profesión, se formó asistiendo a talleres de poesía, narrativa y guión cinematográfico con diferentes maestros (Nora Hall, Gloria Lenardón, Aldo Oliva, Angélica Gorodicher y Lito Espinosa). Y según parece desde ahí no paró. Además de abocarse a su producción personal (novela, cuento y poesía) escribió en diarios, hizo radio, y actualmente dirige dos colecciones de narrativa: Adán sin costilla, de Editorial Fundación Ross (Rosario), y Ciudad y orilla, de Editorial Homo Sapiens (Rosario). También integra la comisión directiva de la recientemente recuperada Biblioteca Vigil en La tablada, su barrio natal o como le gusta decir, su patria.“Marcenomalumbré” se llama el taller de escritura que coordina desde el año 2000. Curioso nombre que, según cuentan, surgió una noche de 2005, en la terraza de Laprida 563, de la boca de un tallerista encandilado por el haz de una portátil de 75 vatios apuntada por Scalona.

¿Hace cuánto tiempo que venís coordinando talleres literarios? ¿Siempre funcionaron en el mismo espacio?
VL: Coordiné el Primer Taller Provincial de Literatura Infantil, en la Sala Lavardén en 1986 y a partir de1990 coordino talleres literarios para jóvenes dependientes de la Secretaria de Cultura y Educación de la Municipalidad.
A lo largo del tiempo, funcionaron en diferentes lugares; entre otros; en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia (hoy Fontanarrosa), Casa de la Poesía y desde hace siete años en la Biblioteca Argentina.
MS: Desde el 2000, quince años, empecé en el subsuelo del bar Faulkner, Mitre y Urquiza (que entonces era mío) y ya en 2001 me pasé a Laprida 563, donde estoy desde entonces, muy cómodo, porque es una casa amplia y elegante.

 
Scalona junto a algunos de los integrantes de su taller

¿Cómo es la dinámica de un encuentro? 
VL: De acuerdo al nivel del grupo, al grado de elaboración de las propuestas; puede variar el orden pero hay una operación fundamental que es lectura-escritura; pensado como que toda lectura genera una reescritura diferente y las consignas ofician como pretextos y pre-textos.
La lectura de la producción implica que cada participante pase de autor a lector por eso la devolución de los trabajos es tan interesante ya que todos, de una u otra manera, han trabajo sobre eso y analizan similitudes, diferencias con sus propios textos.
También, el espacio del taller, propicia otro tipo de lectura en la cual el qué y cómo se lee es aprender a escribir y también a poder reflexionar sobre la propia producción.
MS: La dinámica suele ser una clase de teoría (45 min) sobre algún recurso, estilo, género, registro o autor. Otros 45 minutos donde conocemos el modelo de esa teoría a través de la lectura e interpretación de los textos de los autores que corresponden al tema y finalmente otro módulo igual con la propuesta de la práctica textual, la producción del texto en base a lo aprendido y leído.  Mi taller está orientado a la producción de textos, a escribir, cada semana hay que escribir un texto relacionado con un estilo, autor, recurso literario, etc. Vemos todos los géneros y en general clásicos, vanguardias, locales, nacionales, extranjeros.

¿Desde tu rol de coordinador/a y escritor/a qué tipo de conocimiento pensás que podés transmitirle a los talleristas? 
VL: No lo pienso en términos de conocimientos sino de implicancias y problematizaciones en torno a las diferentes concepciones y producciones literarias
MS: Teórico y práctico. Hoy en los talleres damos mucho teoría literaria y lectura: la escritura es un proceso de lectura. Hay que ser un gran lector, de cada tema o autor o estilo hay que leer a todos, todo… y entonces naturalmente, aquellos que tienen vocación de escribir irán soltando la mano. Sin embargo, yo los estimulo mucho a escribir porque entiendo que la praxis del texto termina de hacer comprender la teoría. 

Lovell junto a algunos integrantes de su taller

¿Qué lugar tiene la poesía en tu taller? 
VL: Considero los términos prosa y verso no como oposiciones sino alternancias que están presentes en la formulación de las consignas propiciadas por la lectura de una obra tanto de narrativa como de poesía.
MS: El mismo lugar que la narrativa, si bien la mayoría de mis alumnos son narradores, hay dos premisas con las que les taladro los cuadernos: la poesía es el lenguaje literario con la mayor carga de sentido (Pound) y la poesía es el alimento de los narradores. Invito a varios especialistas en poesía a dar clases, Retamoso, Boasso, Alzugaray

¿El trabajo con tus alumnos en el taller literario y el territorio de tu escritura personal funcionan como esferas escindidas o se influencian entre sí? ¿Por qué?  
VL: Hay algo que me di cuenta a lo largo de estos años y es que se genera una especie de creación colectiva; es decir yo también como coordinadora estoy creando y en determinadas instancias de producción realizo intervenciones, desde mi propia experiencia poética, pero tratando de aportar, de resolver un problema y no de transformarlo a mi gusto porque se trata del texto de otro.
MS: En general son campos separados, pero siempre hay una corriente de contacto. Hay alumnos que escriben mejor que yo y me enseñan muchas cosas. De mi parte, la mayor influencia hacia ellos es que ven en mí a alguien que hizo la opción de “la vida de poeta”, es decir, que lo que nosotros hacemos, leer y escribir, es la vida total, que no estamos aprendiendo una técnica o una ciencia y menos un hobby. Estamos yendo a otro modo de vivir, de pensar, de sentir. Total. Por eso mi taller se ha transformado en “un lugar” de Rosario, como un espacio bien reconocible. Ya pasaron más de 800 alumnos y hay 100 participantes continuos, porque es una especie (modesta) de factoría artística. Por lo demás, es muy raro que trabajemos con textos míos, rarísimo. No les hablo de mis textos a los alumnos. 


¿Cómo fue tu formación como escritor/a? ¿Fue en el marco de alguna experiencia de taller literario, dentro del ámbito académico, de manera autodidacta, o de qué otro modo?  
VL: No hubo una instancia decisiva sino más bien acciones encadenadas a lo largo de la vida. La lectura como goce y libertad, en la infancia; la insistencia en una formación académica, una profesión que enseña a enseñar (profesora en letras) no a escribir; así que aprendí a escribir leyendo y escuchando a otros escritores y poetas y  también a las distintas voces generacionales que participaron y participan en mi taller.
MS: Escribo y leo desde los 7 años, mamá costurera me hizo del modelo colección Billiken. Participé de revistas en secundaria. A los 20, con 2 años sólidos de Derecho, iba a entrar a Letras, pero la profe Laura Milano vio lo que escribía y me dijo que no me convenía la facu, porque ahí el énfasis estaba puesto en la crítica, que mejor hiciera talleres, leyera y escribiera. Me acuerdo que me dio un montón de “El poeta y su trabajo”, de Gola. Empecé talleres, en la SADE, con Lenardón, Hall, Gorodischer, poesía con Aldo Oliva y cine con Lito Espinosa de la UBA. Y acá estoy.

María Victoria Lovell y Marcelo escalona harán su lectura el el sábado 27 a las 17 en el CC Roberto Fontanarrosa, junto a Mario Ortiz (Bahía Blanca) y Pedro Mairal (Buenos Aires).

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